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La felicidad

La felicidad es tan efímera, como la vida de las partículas subatomicas. Cuando la sentís, te das cuenta, que a los segundos quizás, esa sensación de euforia, de éxtasis, ya no existe, y da paso a lo que llamamos la normalidad, y lo que yo defino como la vida chata.

En mi caso particular, esa felicidad efímera va y viene como en un sube y baja, (recuerdo cuando era chica, la sensación de placidez que me daba subir, y quedarme allí arriba un buen rato, hasta que mi compañero/a de juego, decidía, impulsarse con los pies y cambiarme de posición). Esa es la sensación mas cercana y el ejemplo mas válido, de lo que significa felicidad, por lo menos para mi.

Encontramos la felicidad en las pequeñas cosas, los detalles, una mirada, una sonrisa, un gracias. Un recuerdo.

La vida chata en todo lo demás. Una palabra mal dicha, un olvido, la vista perdida cuando estamos hablando.
La vida chata, la tristeza, lo cotidiano. Lo normal.

En mi búsqueda de la felicidad, me encontré muchas veces, luchando contra molinos de viento, haciendo justamente lo contrario a lo que quería, solamente para obtener el beneplácito del resto. La bondad de los otros. Haciendo lo que el resto quiere, no solo no encontré mi propia felicidad, sino que ayudé a que el otro sienta por mi una aversión casi visceral .

Y contra eso no se puede hacer nada. Absolutamente.

Cual es entonces el camino a seguir?

Escuchar mi propia voz. Hacer, lo que realmente quiero y siento que me va a hacer feliz. Porque el resto, una vez que me vea feliz, va a tener dos opciones, acoplarse a mi felicidad, o seguir su camino, alejándose lo máximo posible, simplemente porque es incapaz de sentir empatía conmigo.

La felicidad dura tan solo unas décimas de segundo. Hay que trabajar todos los días para que esos segundos se transformen en minutos, luego en horas, y luego quizás podamos vivir felices, para siempre.


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